Kafe aleak 105
k&g
 Sendoa Miranda
Nine Horses   -   Snow Borne Sorrow
Samadhi Sound, 2005
bo



David Sylvian, después de su gran álbum en solitario Blemish, reaparece con el trabajo Snow Borne Sorrow con el nombre de Nine Horses. Sólo poner el disco en marcha empiezan a calentarse mis tripas, mientras mojo las galletas en café. Están calientes mis tripas y ahora, con la escucha, me acuerdo de muchos momentos. Si paso la escoba y escarbo en los cimientos, me acuerdo de mis antepasados. Con aquellos que vivieron en cuevas tras la última gran glaciación. Qué trazos tan finos, qué imágenes tan bellas crearon, pintaron en los adentros de las cuevas (reflejo del libre y sagrado mundo que tenían en las afueras), para después salir al exterior, buscando la luz. Si somos corderos, si somos los descendientes de aquellos, tenemos todo para admirar, soñar...vivir.

Relaja el cuerpo y disfruta de la escucha. Un pequeño descanso para tu cabeza, toma un momento para tí en este difícil mundo helado. Abre las puertas de tu imaginación y vayamos afuera y saltemos hacia atrás, miles de años atrás, con la ayuda de estas canciones.

En esta bella tierra iluminada con rayos de luz, podemos sentir y transmitir el calor que nos da este disco. Fuera del mundo bajo las sombras de las llamas, todo es más claro, más amplio. Nieva copiosamente.

Todo está blanco. La tristeza que padece la nieve, ese es el título del disco. Y esa nieve ha cristalizado el paisaje. Desde dentro del cristal, desde nuestra ventana invernal, nos acordamos de los días de calor y locura. Y ahora nos vamos...nos vamos... corriendo hacia dentro de este nevado disco, en nuestro invierno escondido, profundizando en el invierno oculto de cada uno.

Somos nueve. Nueve canciones, nueve caballos elegantes. Diferentes en cuanto a color, tamaño y aspecto. Eso es lo que nos enriquece como disco. Son nueve, pero en el fondo una sóla, redonda. Cada canción, cada caballo nos deslumbrará con sus imágenes, acontecimientos, sentimientos y situaciones. Algunas con espectaculares colores y aspectos de líquenes; otras, con los sonidos finos que crean las alas de los bichos al posarse junto a estos ríos de aguas transparentes. Con la intensidad del los colores y olores de las flores de primavera, con el frescor del rocío de la mañana, con la mágica luz del amanecer y del anochecer, con el amor entre la luna y el sol.

Pero ahora, tras quedar obnubilados con la naturaleza que tenemos delante, a nosotros, los caballos, nos dan miedo las pálidas caras de esos humanos que salen de la cueva ante nosotros. Están impresionados por lo que les rodea. David Sylvian, el músico inglés que ha estado dentro de esta cueva, se ha rodeado de unos inmejorables jinetes para crear este disco.

Por una parte, la percusión de su hermano, Steve Jansen, ha sido la que ha sustentado todo. El aleman Burnt Friedman (que había ya colaborado con Jaki Liebezeit -Can-, The Nu Dub Players y otros) se ha encargado de los sonidos electrónicos. En el disco todo es detalle, momentos llenos de matices. La profunda voz de Sylvian cede en algunos momentos protagonismo a la fina y dulce voz de Stina Nordenstamen, que llega a las entrañas. Keith Lowe se ha ocupado del contrabajo y del bajo. Las trompetas, al igual que los pájaros, susurran de la mano de Arve Henriks (Supersilent...). Saxofones, flautas, clarinetes a cargo de Theo Travis, Thomas Hassen y Hayden Chisholm. Y Ryuichi Sakamoto al piano y demás. Las letras, en general, hablan de la parte más oscura de la vida, para darle más importancia a la luz,. tal y como Tarkovsky hizo en su cine.

Se puede escribir mucho más sobre este Snow Borne Sorrow. A mí me sorprendió en la primera escucha. Entre los discos hechos últimamente me pareció muy especial y muy bien hecho. Técnicamente y musicalmente no será esta una reflexión muy exacta, pero esa es la que me llevó a elegir este disco. Porque todos los detalles de todo el disco están cantando, formando un poema, y porque deberíamos vivir...escuchar...sentir la poesía como la música.

Da mucho pie este disco a profundizar, tranquila y locuazmente.





Sendoa Miranda
Sestao, 1978
Musikazalea





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