Kafe aleak 110
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 Eduardo Mujika
Malcolm Scarpa   -   El traje vacío
Sponja Records, 2007
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*El disco dispuesto a escucha NO es El traje vacío, ya que no está disponible en la red.
Puedes encontrar más albums de Malcolm en http://malcolmscarpa.bandcamp.com/

En la primavera de 2007 Malcolm Scarpa se introdujo en la grabación de dos discos: “Un buen día lo tiene cualquiera”, banda sonora de la película de Santiago Lorenzo, y éste que he elegido, “El traje vacío”.

“Es un disco morboso”, comentó Scarpa hace poco al respecto. Tampoco tanto. Pero sí que tiene mucho que ver con la enfermedad si analizamos el léxico empleado en las letras: ahí están palabras como “tumba, “dolor”, “necrosis”, “hospital”, “carcamal”, “mórbida”,… que Poe bien hubiera utilizado en sus cuentos de amor y muerte.

Sin embargo es el vómito de una enfermedad: la que crea el dolor agudo de vivir. Y, en ese sentido, “Según los espectros”, la canción que da comienzo al disco, tenía que sumergirse repentinamente en el free jazz, dejando de lado la tristeza de una intro country, para llevar al enfermo a la sección de urgencias. Es por ello que la letra de la canción nos dice cómo debemos manejar al doliente (“jamás introduzca un hueso dentro de la piel”).

Pero el dolor del mal de vivir, el que nos acerca a la muerte, puede adoptar diferentes formas: por ejemplo la de un bolero, describiendo la melancolía que sigue a una pérdida reciente (“cuando algo se rompe y los recuerdos quieren bailar”, -Art Decó-). O la de un vodevil, cuando muestra el precio demasiado alto de la resaca de una adicción, aunque se vista con el disfraz de Chaplin (“y mi cara es color fucsia”, -Color Fucsia-). O la apariencia de un lento vals de Hank Williams, “La Miserycordia” (sic) (no analizaremos el juego de palabras), en la que el viejo hospicio para ancianos de Bilbao se convierte en un escenario alucinado, como para hacernos saber que la llamada de la muerte está demasiado cercana: “Las hojas en el estanque caen/ Se mueven pero están muertas/ Veo el hospital con más claridad/ cuanto más es la oscuridad/ Ventanas con luz de ojos cuadrados/ en la Miserycordia, en Bilbao”.

Para huir de ese interín brumoso la mejor manera es visitar los parajes de antaño, y de esta forma nos va transportando Malcolm a través del viaje. Así pues, ahí tenemos el instrumental “Nelly”, en el que los primeros días de un nuevo amor nos aparecen teñidos de lirismo. Asimismo, la cotidianidad puede traernos la redención momentánea, bien disfrazada de número de cabaret desde una perspectiva humorística (“Ésta canción es para las Secretarias/ que cuando tienen que estar siempre han salido a por agua”), bien de la mano melancólica del country (“Pequeño lápiz negro/ me recuerdas a mí/ ahora que estás gastado/ sin punta para escribir” –Pequeño lápiz negro-). A cambio, Scarpa quisiera pedirnos y ofrecernos un poco de ternura, después de echar una mirada a la infancia; he ahí, “El paseo de Begoña”, quizá la canción más significativa y grave del disco, la cual se posa bajo el ropaje de Chaplin, junto al hedor a muerte (“Murillo /no se ría del niño / Murillo,/no se ría del niño/ no le preguntes más/ no se ría más de él”).

Y para cerrar el disco la canción homónima, “El traje vacío”, resucitando el antiguo tópico del ubi sunt?: ¿qué ocurre con un traje cuando ha muerto su dueño?; ¿dónde acaba? Y de nuevo la sombra de Hank Williams nos lleva a través del camino, de ese mismo camino, camino finito y al mismo tiempo, infinito (“Al traje vacío le llega su adios/ cuando a él y a su dueño vivían los dos).

Desde entonces, y por lo demás, como siempre, Scarpa ha continuado su solitario sendero. Suele presentarse en la ciudad, con su viejísima Framus y una mínima bolsa de viaje llena de fármacos, ofreciendo de su vasto repertorio nuevas canciones que no ha grabado (“La alfombra mágica”, “Laura”,...), reliquias de antiguas maquetas (“Sweethearts in heaven”) y, poniendo los tugurios, lo cantaba Hank, “on fire”, como en un balneario ocurrió hace un par de semanas. Luego, al modo del boxeador Lucero en la película Houstoniana “Fat City”, después de haber cobrado en ambos sentidos, se vuelve en el autobús a Madrid, con la vieja framus y la mínima bolsa de viaje, mermada de fármacos.


Edu de Mujika
Bilbo, 1968
Musikazalea






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