Kafe aleak 118
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 Miriam Luki
Diego El Cigala   -   Cigala & Tango
Cigala Music - 2010
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Ernesto ha metido en una bolsa de plástico los zapatos de bailar tango. No se dirige a aquel bar San Telmo de Buenos Aires. Hay un océano entre él y Argentina. La patria cabe en esa bolsa. La memoria no, la memoria no cabe en ese plástico, y Ernesto lo sabe. Si cupiera, hace tiempo que estaría en un basurero, ya que es un sueño depravado.

No está en Buenos Aires, está en Estocolmo, se dirige a Gamla Stan, a la ciudad más antigua del interior de la ciudad fría, y lleva zapatos de tango, para bailar a los primeros acordes tristes del bandoneón. Ahora vive en el país imperfecto de piel perfecta, siempre con necesidad de abrigo. Antes vivía en el país desordenado sin abrigo. Aquel día solo tuvo una oportunidad: marcharse o marcharse. Porque en el otro lado del cantón tenía a los milicos esperando para llevárselo a una escuela terrorífica, o para meterle en un maldito avión, o para hacerle escuchar los gritos de su Mercedes, o quién sabe... Sin embargo, hay quienes se quedaron, todos hermanos, todas hermanas, de sangre o no. La mayoría ya no son, solo son en los senderos de los sueños nocturnos de Ernesto, en la culpa; porque se marchó culpable, porque se exilió, porque se salvó.

De todo ello hablan los zapatos que se agarran al suelo en su tango, y él lo sabe. Si la patria cabe en esos zapatos, todo lo perdido no tiene sitio, no hay descanso, no hay refugio. Y aunque sea de esos a los que les han enseñado que los hombres no lloran, Ernesto ha aprendido a llorar, aunque sea a escondidas. Llueve, lágrimas, por todo lo que le han quitado, y el bandoneón también habla en ese club de Escandinavia, y no es posible olvidar, ¿o sí?

Ha agarrado a Mercedes, han comenzado, parece que están solos, aunque a su lado haya parejas que puedan tener la misma historia, la soledad no da tregua, el bandoneón les lleva a casa en un viaje que es ya imposible. La casa se les abrasó en las llamas del dolor, junto con libros recopilados durante años, cuando los militares dieron fuego a la esperanza.

Están con Ernesto todos sus muertos, para que no se pierdan. Nunca se ha acostumbrado a esa soledad poblada. No ha olvidado los pasos del tango, los zapatos tienen la magia de la memoria, de lo inolvidable. Si en esa magia no entrara tanto dolor... Esa magia se mezcla con la fantasía del olvido, querer olvidar y no poder, para poder tumbarse durante unos pocos minutos y descansar del pasado. En Mercedes la memoria se ha convertido en enfermedad. Ha estado entrando y saliendo del hospital desde que llegaron a los territorios fríos. Ernesto, en los viejos tiempos, tuvo miedo de que se la robara otro hombre, era tan guapa... Con los años sería el peso del tiempo el que le robaría a la única mujer que ha amado. Mercedes hoy solamente es un cacho de mujer. El exilio es una salvación envenenada, que nunca se supera, que vive en la sombra de los que se quedaron.

Mientras baila tango, los zapatitos le llevan volando. Son negros, de piel fina, bailarinas elegantes cosidas con cordeles, compradas en aquella tienda, que guardan la patria, ya que la patria es solo eso, unos zapatos. Ernesto todavía guarda la capacidad de soñar, pero al otro lado de su mirada honesta se le aparece el carnaval de la vida; que le devuelve una mirada maligna. Se salvó para vivir una vida sin vida.

En los pliegues del bandoneón ha perdido también la libertad de las caricias, no hay isla de los sueños, no hay dónde protegerse, no hay lugar para soñar sin pesadillas, no hay patria que pueda ser lo mejor del interior, y en esos zapatos de tango que lleva puestos tampoco hay sombra que le dé amparo. Solo queda el océano, como la memoria infinita, que no se pierde, que recuerda los puntos y las comas, que es más real que el día a día, que le viene a espadazos. Y con el deseo de acudir a aquella escuela temible, las ganas de darle la mano a Alfonsina, la pulsión desesperada de meterse en el océano con ella y olvidar lo que no puede olvidarse.

Los zapatitos siempre le dan ganas de llorar. El tango es amor, tristeza, soledad, alma vaciada, nostalgia, el tango es miedo sin piedad, es memoria, las ganas pintadas en blanco y negro de volver a la patria que no va a encontrar nunca, amor robado, pelos blancos: señales innegables de que ha pasado el tiempo.

Ernesto no se ha dado cuenta todavía de que ya ha comenzado a olvidar. Que mientras que recuerda con claridad lo de antaño, ya ha olvidado lo que hizo ayer. Ernesto no sabe que la enfermedad le traerá la paz, aunque le vaya a hacer perder la cabeza. Que va a entrar en la memoria del olvido de la mano de Alfonsina, y que caballitos de mar fosforescentes bailarán tango a su alrededor, y que las voces que no ha podido callar en su interior solo quedarán en las caracolas del océano, bailando tango.


Miriam Luki
Urretxu, 1973
Musikazalea





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