Kafe aleak 121
k&g
Javier Corral, Jerry
Rafael Berrio - 1971
Warner Music - 2010
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Rafael Berrio, esa injusticia poética


    Quizá con Rafa Berrio se haya cometido una injusticia poética del nueve. Quiero decir que hay muchos genios malditos, pero muy pocos genios inadvertidos, como acertó a definirle el poeta (de nombre Luis Boullosa), y menos tan cercanos y tan veteranos como él. Porque a Rafa, o a Rafael como ha querido firmar ahora, ha habido tiempo más que suficiente para descubrirle y para reivindicarle en pieles previas. Amor A Traición principalmente. Que no es un veinteañero. Ni siquiera un treintañero. Y ya anda más cerca de los cincuenta que de nada. También quiero decir otra cosa. Que los que se dedican a esto de reclamar y repartir influencia artística para quien la merece, desde medios más o menos influyentes, valga la redundancia, no siempre andan muy atentos. Que a veces se olvidan de los verdaderos creadores y se empeñan en ensalzar a replicantes, a lo peor sólo aventajados, de algo ya hecho y requetehecho. O a otros pretendidamente avanzados, pero que en realidad sólo han demostrado mayor velocidad en el plagio. El caso es que Rafael Berrio es casi un perfecto desconocido para casi todo el mundo. Y eso que no es casi un genio. Sino un auténtico genio. Inadvertido, reitero, como el poeta dijo, eso sí.

    Donostiarra del 63. Lo dicho, muy próximo y curtido. Pero no es momento ahora de irse al pasado. Bastante intermitente, acaso por la apatía incomprensible y cicatera de quien debió recepcionarle. Y no de-cep-cio-nar-le una tras otra. Sino de airear el presente, su último álbum. Que además en este caso es lo puto mejor, lo más superlativo de su carrera. La feliz consumación de alguien que venía apuntando muy alto desde el principio. Hablo de “1971”, a priori un año de su niñez, quien sabe si la primera pérdida de la inocencia. Un álbum publicado en los últimos meses de 2010. El fin de una década sin nombre por tener la mala pala de iniciar siglo y milenio.

    Rafael tenía y tiene el tono sarcástico del Lou Reed de “Coney island baby”, y la inmensa incontinencia del Dylan supremo, y ahora añade la forma elegante del último Leonard Cohen, aristocráticamente sabio. Y no sigo, porque me caliento y puedo empezar a exagerar. Pero déjenme decir que Berrio ha hecho un disco que firmaría orgulloso cualquier perito de la bohemia ilustrada. Y siendo como es un álbum confesional y de una personalidad intransferible, canción de autor llevaba a la enésima potencia, “1971” es de igual manera un trabajo conjunto donde Joserra Senperena le ha puesto piano, acordeón y los arreglos de la Joven Orquesta Sierra de Aralar. Pop de sangre azul, aunque provenga de arterías esquinadas, punteado por vapores de fado, tango, vals, cabaret o ese sinfonismo de cámara provisto para ensalzar, para elevar, para sublimar, aún más si cabe, la angulosa belleza de su literatura marginada.

berrio

    Literatura por la que campan a sus anchas Baroja, Pessoa o Galdós, como antes Gil de Biedma, a través de amantes dolorosamente imprevistos, escépticos que no entienden el amanecer diario, intemperies inhóspitas, torbellinos de espantos, rayos que no cesan, vidas vividas como parte de un simulacro, amigos conocidos en el fondo de las barras de los burdeles, furibundos jacobinos de salón, Hernán Cortés quemando naves, hermanas que vuelven a hacer la primera comunión en el álbum familiar, ángeles con nombre de mujer, elocuentes desnudos, o los goces y las náuseas. Personajes, viñetas y metáforas retratados con aplastante nitidez, con esa emoción destilada en lágrimas de calidad cinco estrellas.
    Qué torcido es este planeta. Con sus sinrazones naturales, sus inmoralidades sociales, sus infamias políticas. Con sus abusos y sus absurdos. Y sus injusticias poéticas… Cómo íbamos nosotros a saber, Rafael, que la vida era esto. Pero ya es algo tarde.
   


   

Javier Corral, Jerry

Bilbao, 1961

Periodista musical