Kafe aleak12
k&g
Jon Arriaga
Johnny Cash - Johnny Cash At San Quentin
Columbia - 1969


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Compañero leal


Las personas tenemos tendencia al pensamiento simplista y gracias a esa cutre mentalidad evitamos pensar. En lugar de profundizar en el origen y el por qué de las cosas y los acontecimientos, nos valemos de los presentimientos. En la era digital las opiniones no tienen valor, hemos pasado de pensar a posicionarnos. Ejemplo de esa nueva situación es el lema que los yanquis impusieron y se puso muy de moda entre nosotros; “estás con nosotras o contra ellas”.

La diversidad ha dado pie al dualismo. El Dos es el nuevo rey del mundo. Ya no hay miles de opciones; las gafas mediante las cuales vemos y entendemos la realidad sólo nos ofrecen dos opciones en cada caso. Mientras unos son buenos los otros son malos. Mientras hay quienes van por la izquierda, el resto va por la derecha. Hay vencedores y vencidos. Vivimos en un mundo en blanco y negro y, según dicen, jamás conseguiremos alcanzar el arco iris. Todo es blanco o negro.

Pues, si me dan a elegir, prefiero el negro. ¡Qué demonios, amo el negro! Es un color repleto de connotaciones negativas, pero aún así, me gusta. El color negro me trae a la memoria significados maravillosos, me trae dulces recuerdos. Negra es la noche. ¡Y, qué demonios, amo el negro!, Johnny Cash es negro. ¡Y, qué demonios, amo el negro!

A decir verdad, no sé cuando escuché por primera vez el nombre del estadounidense; tampoco cuándo escuché por primera vez una canción suya. Quizás, yendo por una de esas lineas por las que caminamos en nuestra vida. O tal vez, viajando en el tren que pasa junto a la prisión de Folsom. O puede ser que fuera en una calle de Reno, al escuchar el disparo de una pistola. O sin más, en la calle, cantada por un chico llamado Susana al pasar a mi lado.

No sé cuándo le conocí, pero sé muy bien que nunca le olvidaré. Y muchas otras personas tampoco, pues no sólo su música, su personalidad es lo que hizo inolvidable a Johnny Cash. En esta época en la que la vestimenta se ha convertido en importante hemos olvidado la actitud. Y si Johnny Cash era algo, era actitud. Canciones con humor y serias, pero siempre llenas de crítica e ironía. Amargo y dulce a la vez. Mensajes y besos. Cantaba desde lo más hondo, y todo salía sin hacer un gran esfuerzo. Como cuando tienes diarrea. ¡Plaust!

El mundo es blanco y negro, las cárceles, en cambio, negras. Oscuras. Frias. Ghettos repletos de perdedores. Bien sabía eso Cash, él también fue preso. Pero nunca olvidó a los olvidados y llevó su música a más de una prisión. Para iluminar los sitios oscuros. Para dar calor a los lugares fríos. Desnudo ante la gente, la guitarra en mano y sentimientos que salían de su boca.

El 24 de febrero de 1964 Johnny Cash y los suyos acudieron a la prisión californiana de San Quentin. El concierto lo iba a emitir Granada TV pero, antes desde la televisión pidieron a Cash que no tocara ciertas canciones. El músico, haciendo caso omiso, se dirigió a los reclusos y les dijo lo siguiente: “Los de la televisión me han dicho qué canción he de tocar y cual no, pero aquí haremos lo que nosotros queramos, y yo tocaré las canciones que vosotros queráis”.

Desde el principio se creó una tremenda complicidad entre el hombre de negro y los presos. Y esa complicidad llegó al climax cuando Johnny Cash interpretó la canción san Quentin, compuesta expresamente para ese día. Los presos inmediatamente le pidieron que la tocara nuevamente, y así lo hizo. Han pasado casi cincuenta años desde aquel año, pero cada vez que escucho el disco se me ponen los pelos de punta. Así que no puedo ni imaginar lo que vivieron y sintieron en aquel momento quienes allí estaban. Años más tarde, el propio Johnny Cash confesaba que lo de aquel día fue descomunal, que se creó una fuerza de tal tamaño que podrían haber hecho trizas la prisión y haber salido huyendo.

En las cárceles habrá el mismo dualismo que hay en el mundo y, por tanto, las personas que están encarceladas, según el día y el momento, se sentirán presas o libres. Estoy convencido de que mientras duró el concierto pocos presos de San Quentin se sentirían presos. Es la magia de la música. Magia Negra. ¿Y ya sabéis cuál fue la razón para que Johnny Cash diera conciertos en las cárceles? Que en las cárceles se sufre y se tortura. Así era
The Man in Black, un alma perdida a la que consideraban ganadora.

Yo también he pensado, y cada vez lo tengo más claro, que hay mucha más gente honesta de la que pensamos en las cárceles. Y que hay mucha más gente malvada fuera de los barrotes. Y sigo escuchando Johnny Cash, para no olvidar de dónde venimos, quiénes somos y a dónde vamos. Y para sentirme libre en este mundo dual.

Jon Arriaga Olabarria
Markina, 1986
Musikazalea