Kafe aleak 13
k&g
Imanol Galfarsoro
King Crimson - In The Court Of The Crimson King
E.G./Island - 1967
bo





¡La libertad es alienación!

-I-


In the Court of the Crimson King es el primer LP que el grupo británico King Crimson editó en 1969. Desde entonces ha publicado unos trece álbumes y alrededor de veinticinco trabajos grabados en directo, sin contar recopilaciones y singles, pero es este primero, sin lugar a dudas, el disco clásico y definitivo de King Crimson, un trabajo de rock progresivo mezclado con jazz, improvisación y música clásica o sinfónica que, hoy en día sigue siendo el principal patrón del rock sinfónico-progresivo. De hecho, su importancia es tal, que la versión CD fue remasterizada en su 40 aniversario con el objetivo de publicar una nueva versión vinílica en 2010.

Pero dejando a un lado el fetichismo de la mercancía, lo que más nos interesa recalcar en este disco mítico son las tensiones dialécticas que se producen en él. En relación con la música, por ejemplo, esas tensiones son obvias y continuas en los contrastes y altibajos de las melodías y las armonías que se dan entre momentos de serenidad y las fracturas de los ritmos que no dan descanso a las emociones del oyente …

Aquí, sin embargo, a nosotros nos interesan más las letras pues es centrándonos en los temas de las canciones que podemos constatar una división central en este trabajo, la división que se da entre el presente que quiere evitar el futuro, por un lado, y el pasado, por el otro. De hecho esa es la brecha que se abre entre la primera canción del disco (Hombre Esquizoide del siglo XXI) y todo el resto de canciones dedicadas al futuro. Es así que en esta canción:

Los neurocirujanos gritan en el umbral venenoso de la paranoia [y] a ciegas, el hombre sediento de dinero ha labrado la muerte [mientras] los poetas siguen hambrientos, los niños sangran, las alambradas sangran a raudales y en las piras funerarias de los políticos el fuego del napalm destruye a los inocentes.

Lo que es de notar en este primer tema es la forma en que se nos describe la verdadera pesadilla de este mundo, o dicho de otro modo, lo Real traumático de la sociedad contemporánea: la victoria del materialismo Vs. la muerte del espíritu, el filisteísmo anti-estético Vs. la impotencia de lo poético, la violación de la inocencia infantil Vs. el cinismo de los políticos maduros… la guerra de Vietnam… la locura… No es de extrañar entonces que con el fin de escapar de la angustia que genera ese mundo real nada atractivo, en el Imaginario del resto de las canciones se materialice una tendencia a sumergirse es discursos (Simbólicos) donde impera la regresión a fantasías mistificadoras de un signo u otro.

Es así que, por un lado, en las dos siguientes canciones se mencionan varios ambientes o contextos más bien distópicos en los que abunda el tema de la confusión. Por ejemplo, en la segunda canción Hablo con el viento se nos dice lo siguiente:

Estoy fuera mirando al interior, gran confusión y desilusión a mi alrededor”.

Así mismo, en la tercera canción que se titula Epitafio, otro clásico, y que se divide en dos, Marcha sin ninguna razón y Mañana y mañana, también se nos cuenta que:

El conocimiento es un amigo mortal. Si no hay nadie para imponer normas, el destino de los humanos está en manos de torpes insensatos. Le hablo al viento, las palabras se las lleva el viento y no escucha, no puede escuchar.”

Por lo que más tarde de nuevo:

La confusión será mi epitafio, ando a cuatro patas por un sendero partido y roto. Si lo conseguimos nos podremos tranquilizar y todos nos reiremos, pero presiento que no será así y que mañana llorare”

Por el otro lado, sin embargo, en la segunda cara del disco cambian los ambientes y lo que ahora predomina en el cuarto tema es una especie de bendición y paz interior, de tranquilidad y calma, de candidez e inocencia. Como en otros, en este cuarto tema que se llama Niña Luna también se nos ofrecen dos sub-partes bien diferenciadas: Sueño (con letras) e Ilusión (sólo con sonidos de música experimental). En Sueño una naturaleza utópica de ambiente onírico permite a la chica / luna protagonista asentarse al borde del río, charlar con árboles y aves nocturnas al lado de la fuente, esperando al sol que se cierne sobre las montañas, recogiendo flores, jugando con el eco de su voz, como pez en el agua, dentro de la Vía Láctea, jugando al escondite con los fantasmas del alba, lanzando piedras al sol… Es la niña Luna que está esperando la sonrisa matinal del niño Sol.

Luego ya en la última canción y la más conocida, La Corte del Rey Crimson, donde se intercalan las sub-piezas La Vuelta de la Bruja Fuego y La Danza de los Títeres, el mundo alegórico de esta segunda cara se desliza de lo místico a lo mítico, más propiamente dicho, y en él nos adentramos en una atmósfera tan surreal y nebulosa como majestuosa donde el portero de la ciudad obstaculiza la entrada de los sueños en la portón de los peregrinos encontramos tanto al jardinero como al sabio benévolo compartiendo risueños las proezas del malabarista y los títeres bailarines al son de la orquesta, donde ahora el sol destruye las cadenas de la prisión roñadas por la luna y las trompetas llaman a la bruja en forma de bola de fuego, donde asistimos así mismo el torneo de los caballeros, a la música del gaitero morado y del coro cantando nanas mientras la reina negra, por su parte, canta canciones fúnebres.

La corte del Rey Carmesí nos sitúa, por lo tanto, en un mundo encantado donde las rupturas e inversiones de jerarquías dan cuenta de un espacio carnavalesco que parece encontrarse fuera de la dialéctica del amo y el esclavo.

En resumidas cuentas, sea en forma de historicismo mágico merlínesco o de eco-misticismo naturalista, estas fantasías psicodélicas y quasi-caleidoscópicas pertenecientes a un Imaginario colorista proporcionan los ingredientes necesarios para la huida de la Realidad que se nos ofrece en la primera canción; esa que nos reduce al obscuro materialismo anti-espiritual, la actitud filistea contraria al arte y la poesía y el cinismo que se acrecienta con la primacía de la guerra. Esa es la gran tensión alrededor de la cual se organiza / articula este primer disco de King Crimson.

Sin duda, estas respuestas donde domina la fantasía escapista se sitúan en un momento histórico concreto bien conocido y que se debe vincular tanto al movimiento hippy como la Mayo de 68 y las protestas en contra de las guerras imperialistas; y sin embargo, de cara al futuro, este recurso al escapismo fantasista también nos dan cuenta del precio a pagar que se Simboliza y muestra muy bien en la ilustración de la portada, donde se nos muestra de forma muy gráfica el drama (y horror) del futuro humano esquizoide…

-II-

Este tema de la locura del que ya tratamos ahora abiertamente también nos ofrece la oportunidad de discutir sobre cómo surge el sujeto y la relación de éste con la teoría psicoanalítica de la socialización.

En realidad, tal referencia a la locura nos proporciona la medida de la relación así como la dialéctica paradójica que se da entre el individuo y el dominio de lo colectivo. Como es bien sabido, en la filosofía clásica de la modernidad se nos da debida cuenta de la necesidad de establecer un contrato humano o contrato social donde se especifique claramente la posición, por un lado, del sujeto y la de la comunidad, por el otro. Es de este modo que la participación del sujeto y su aceptación en la comunidad se lleva a cabo bajo la estructura de la elección forzada o obligatoria.

El problema o la paradoja que surge de tal relación es que el sujeto individual que es libre de elegir su comunidad no existe como tal, es decir, no existe como sujeto hasta que materializa esa opción; el sujeto se constituye, por lo tanto, cuando materializa esa elección; y es precisamente por ello que el hecho mismo de que el sujeto elija su comunidad libremente (el contrato social) es una opción paradójica, pues es tan sólo en la medida en que el sujeto opta por la elección correcta, es decir, la de ser parte de la comunidad, que dispondrá, como consecuencia, de la libertad de elección.

Pero si, al contrario, el que ya disfruta de su elección (forzada) de ser un sujeto de la comunidad, elige ahora al otro de la comunidad o al otro de la colectividad, es decir, si en tanto en cuanto sujeto humano individual elige la libertad individual radical de no pertenecer a ninguna comunidad, es precisamente entonces que al eligir aislarse absolutamente de la colectividad opta, así mismo, por la psicosis.

De hecho sobre la base de esta idea se constata, efectivamente, que la libertad es alienación. Pues la libertad absoluta es la negación absoluta de cualquier base comunitaria, incluida el uso de la lengua; es, en definitiva, el rechazo total del vínculo social. Todo compromiso o contrato humano con la comunidad, la religión, la nación, el linaje, la familia… e incluso con la idea misma (colectiva por necesidad) de la santidad de la individualidad… comprometen esa libertad.

De este modo, pues, la tesis de Jacques Lacan según la cual “el loco es el único humano libre” es totalmente entendible. El loco es el sujeto que no ha caído en la trampa de la elección forzada. El loco, a la hora de encarar el tema de la unión entre él y la comunidad, toma en serio la posibilidad de tal elección y se decide por no aceptar el contrato social.

Es de notar, por lo tanto, que el hombre-esquizoide del siglo XXI no entra del todo en la categoría de la psicosis. El hombre-esquizoide del siglo XXI no es ni por asomo psicótico. Quizá de joven fuera rebelde, y viendo las pocas cualidades de la sociedad, se pasó la juventud imaginando comunidades alternativas. Pero, a fin de cuentas, la libertad que imaginaban no era del todo libre, es decir, ¡no era en absoluto la libertad del loco! ¡Ni mucho menos!

Por supuesto, con el tiempo estos hombres-esquizoides del siglo XXI se convirtieron en progenitores modélicos. Incluso en el mismo País Vasco y tal como menciona Beñat Sarasola en un conocido poema suyo, ¡parece que eran tan enrollados como los mismos petas que se fumaban con sus hijos! Pero teniendo en cuenta incluso el relato aceptado y/o, más bien, cuento extravagante de que esa generación vivió en su juventud un momento histórico heroico, Sarasola no se percata de un par de cosas importantes en su propia lectura retrospectiva.

La primera está relacionada con su alusión a la incapacidad que mostró su propia generación de matar al padre, mención que, por otra parte, se encuentra totalmente cortocircuitada por el status mítico de otra sub-generación, muy enrollada ella también, y muy rompedora; es decir la generación del Rock Radikal Vasco, pues ésta sí fue una generación que, pobres histéricos motherfuckers, se creyó capaz de matar al padre! Barricada, Hertzainak, Zarama… El Drogas, Gari, Moso… ¡ay, cuántas vueltas da la vida!

Y la segunda carencia puede explicarse mediante las siguientes preguntas y respuestas, puesto que a fin de cuentas, ¿cuál es la gracia bendita de estos padres esquizoides ahora envejecidos del siglo XXI? ¿Que algunos de ellos se fueran a una comuna new age en Lizaso vestidos con camisetas naranjas? ¿Que otros, por ejemplo unos cuantos ex de los comandos autónomos anticapitalistas, acabaran profesando la teosofía de Skinner? ¿Que otros cuantos, trotskistas y maoístas, majísimos todos ellos, y por supuesto, ahora demócratas participativos y radicales, acabaran haciendo trabajos de consultoría cultural para el Gobierno Vasco? ¿O que otros tantos, los más vanguardistas entren los vanguardistas de Euskadiko Ezkerra que pintaban “Gora Euskadi Gorria (roja)” en las paredes, acabaran bebiendo capuchinos en el Boulevard de Donostia porque todavía las cervezas sin alcohol estaban por inventar?

Por lo tanto, ¿de qué nos quería convencer Sarasola con ese poema quejoso? ¿Que con su narrativa de juventud heroica todos estos pequeños burgueses de la vieja generación que se negaron a ser padres con fundamento fueron también capaces de embaucar a las jóvenes generaciones de sus hijos? ¿O es tal vez que de tal palo tal astilla, las jóvenes generaciones se dejaron convencer tan fácil como felizmente por su padres?

No, con perdón, ¡no se puede ser rebelde e irreverente y al mismo tiempo loco, libre!



Imanol Galfarsoro
Aretxabaleta, 1960
Crítico cultural
basque.criticalstew.org



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