Kafe aleak18
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Patricia Godes
Paul Robeson - Recital de canto por el bajo Paul Robeson
Supraphon / Discophon - 1974
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El audio no es exactamente el del disco original

La voz de bajo de Paul Robeson se eleva sobre los árboles nevados y resuena entre las rocas. Todo es silencio a su alrededor y hasta las armas de los combatientes se han callado para oírle cantar. Estamos en Brunete, en mitad del crudo invierno de 1938. El norteamericano canta para los soldados del frente y consigue que el fuego se detenga. La larga y cruel Guerra Civil Española ha atraído a 3000 voluntarios antifascistas de todas las partes del globo y Robeson quiso también ofrecer su pequeña colaboración.

 

Durante su estancia en España, Paul Robeson cantó para los soldados del frente, para la aterrorizada población civil y para los heridos de guerra en el hospital que las Brigadas Internacionales habían instalado en el Hotel Voramar de una pequeña aldea de labradores cercana a Castelló que se llamaba y se llama Benicàssim. Unos meses antes, el 24 de junio de 1937 había pronunciado un discurso en el Royal Albert Hall londinense: “Siempre he deseado que mi talento contribuyese de forma evidente e indiscutibles a la causa de la humanidad. Y esta noche siento que lo estoy haciendo. Cada artista, cada científico, cada escritor debe decidir de qué lado está. No tiene otra alternativa. No puede quedarse observando el conflicto desde su elevado Olimpo. No existe el observador imparcial. El campo de batalla está en todas partes”.

 

Paul Robeson había nacido en 1892, nieto de esclavos e hijo de un esclavo fugitivo. Había tenido la buena fortuna de ser alto fuerte, inteligente y constante y sus éxitos en el fútbol profesional y sus notas académicas le consiguieron una beca para estudiar en Rutgers -donde sólo otros dos estudiantes negros habían sido aceptados antes que él- y en Columbia.  Una vez licenciado en Leyes, entró a trabajar en un prestigioso gabinete jurídico neoyorquino. Tuvo que dejarlo pronto: las secretarías no aceptaban tomar dictado de alguien de raza negra. Robeson decidió dedicarse profesionalmente a lo que hasta entonces había sido sólo un hobbie: el teatro. Debutó en Harlem con mucho éxito y luego pasó a Broadway. Durante su carrera dramática representó Shakespeare y Eugene O’Neill así como papeles escritos a medida para él como el de Showboat (Magnolia, 1936). Fue el primer actor de raza negra que se negó a representar papeles que mermasen la dignidad del hombre negro y su considerable éxito le ganó el privilegio de poder elegir y supervisar la edición de sus películas.

 

Comunista convencido, cantó y apoyó todas las causas que significaban justicia social y equidad empezando por las leyes anti-linchamiento y acabando por las reivindicaciones de los mineros galeses. Sus buenas relaciones con la Unión Soviética le valieron su expulsión de la NAACP (Asociación nacional para el avance de la gente de color) y los Nazis le tenían en sus listas negras. Durante décadas enteras su nombre estuvo borrado de los anales tanto de la universidad como del deporte y sólo le mantuvo en la memoria histórica del mundo del espectáculo su imponente versión de Ol’ Man River en Magnolia. Pero pocas carreras en la música popular han tenido el peso y la nobleza de la suya.

 

Robeson fue el primer cantante profesional que introdujo en su repertorio los Negro Spirituals, viejas canciones religiosas  producto de la violencia (física y/o moral) ejercida sobre los esclavos afroamericanos para hacerles olvidar sus religiones autóctonas y su identidad africana. Parece ser que muchas de aquellas canciones contenían instrucciones y contraseñas para los esclavos fugitivos y los paralelismos entre las historias de la Biblia y las penalidades de los esclavos se manifiestan de muchas formas diferentes. Para un artista comprometido y educado como Robeson interpretar las canciones de los sectores más pobres e ignorantes de la población era la manera de revindicar la valía y el mérito de la cultura popular frente a la tradición culta y académica históricamente dependiente del favor de los poderosos y de sus simpatías o antipatías hacia el artista.

 

Con un registro extraordinario que alcanzaba las tesituras de bajo y barítono, Robeson se encuentre confortable cantando corales de Bach y Spirituals. La atmósfera de la grabación es igualmente intensa y pura en la Oda a la Alegría beethoveniana que en el escalofriante We Are Climbing Jacob's Ladder. Las versiones de Robeson son graves y contenidas. Lo mismo en las canciones patrióticas de Smetana que en las piezas religiosas bachianas o en la música humilde y popular de sus antepasados esclavos su formación clásica le impide perder la compostura y es sólo a través de la vehemencia de su interpretación y su rotundo fraseo que la intención de denuncia del intérprete se hace patente para el oyente. De este modo lo ecléctico del repertorio de este álbum no resulta incongruente, sino sincero y profundo.



Desde 1925, Robeson y su esposa y manager –licenciada universitaria e histiologa- se instalaron en Inglaterra y el actor pudo rodar cerca de una docena de películas. En una de sus giras artísticas Robeson visitó la Unión Soviética y quedó admirado y sorprendido por trato respetuoso que recibía por encima de todo racismo también pudo apreciar el nivel de vida de las clases trabajadoras.  La persecución de la que fue víctima durante la caza de brujas de McCarthy ha cobrado ya visos de leyenda. Su carrera artística en Estados Unidos se vio seriamente dañada y su pasaporte anulado.



A grandes trazos esta es la vida de un hombre excepcional en lo artístico y en lo humano. La clase de personas llenos de dignidad y coherencia que han desaparecido del medio artístico en medio del largo y lento, pero imparable proceso de indignificación del artista llevado meticulosamente a cabo por la industria y los medios de los 80 a esta parte. ¿Quién puede apreciar a Britney Spears? ¿Pete Doherty?  ¿Lil’ Wayne? ¿Chris Brown? Gente desgraciada y torpe sobre los que seguramente Paul Robenson hubiera tenido algo que decir. Lo más seguro es que les hubiera tendido la mano para ayudarles.


Paul Leroy Robeson
9 de abril de 1898 Princeton, Nueva Jersey, US.
23 de enero de1976 Filadelfia, Pensilvania, US



Patricia Godes
Madrid, 1966
Periodista y crítica
http://patriciagodes.blogspot.com