Kafe aleak20
k&g
manuel domínguez ramos
lole y manuel  -  nuevo día
movieplay - 1975
bo


mi padre tuvo un renault 8 durante años. fue su segundo coche tras el 850 blanco de soltero, hasta que un día se dió cuenta de que los años andaban marcándose como cicatrices en la carrocería y el motor y no hubo más remedio que volver a dar un paso más al frente.

el renault 14, verde metalizado, lucía espectacular el día del estreno. los tres hermanos, la abuela, mi padre y mi madre estábamos preparados para nuestro viaje a guadalcanal, último pueblo de la provincia de sevilla colindante con badajoz. eran tiempos en los que no existían las sillas de coche para niños y en su interior cabían justo los que cabían, no solo los que la ley admitía. estaba todo preparado y los cien primeros kilómetros del nuevo integrante familiar iban a ser para que sinforiana veloso garcía recordase sus orígenes, aquellos que mi padre, nacido ya en sevilla, no llegó a vivir más que de refilón.

yo, en realidad, no recuerdo si el coche tenía radio cassette, si mi padre hizo una copia en cinta del disco, si la llevaba en la guantera que aún olía a plástico y estreno o si todo es invención mía, pero quiero pensar que la banda sonora de aquel camino lleno de curvas e ilusión tuvo el nuevo día de lole y manuel como banda sonora. la voz de ella, la guitarra de él, la producción de ricardo pachón y la ciudad de sevilla como protagonistas de un viaje a sesenta kilómetros por hora hacia donde las historias comienzan, justo donde siempre hay que volver aunque solo sea en nuestras cabezas.

en todo caso, de lo que sí estoy seguro es de que, ya en el pueblo, paseamos por la calle mayor, con su alameda llena de árboles con las hojas de ese color que aparece en septiembre y no es verde ni amarillo, y que llamamos a la puerta de la que fue la casa de mi bisabuela antes de mudarse y nos saludó una mujer con su misma edad y una vida que podría haber sido la de mi abuela de no haberse bajado su madre a la capital a trabajar en casa de una familia de dinero.

recuerdo entrar en aquella casa de pueblo, con sus adornos de pueblo y sus muebles de pueblo, escuchar las historias de quien solo ha vivido la soledad de esas cuatro paredes y entender que la amabilidad de aquella soltera de vida amarga y gesto feliz no era sino el resultado de años y años sin nadie a quien contar nada. después, una despedida que sabía a huida de una vida que no era la nuestra y la vuelta de todos al coche para iniciar el camino de retorno, cuya primera escala estaba situada unos pocos kilómetros más lejos a modo de pic-nic familiar donde sentarnos a almorzar las tortillas que había cocinado mi madre.

entonces, mi hermano empezó a jugar con las piedras que había por el suelo con tanto acierto que uno de sus lanzamientos terminó aterrizando en la puerta del recien estrenado renault 14 que ya, desde su primer día, luciría elegante abolladura. en ese momento las tortillas volvieron al tupper del que habían salido, nosotros de nuevo al coche y así hicimos todo el camino de vuelta sin poder escuchar el quejío de lole cantándole al día que empieza a despertar, ni el llanto de manuel convirtiendo en poesía su homenaje a la giralda y el tardón. una vuelta sin una sola palabra para un viaje que hoy, más de veinte años después, es parte de mi infancia como ese disco que tanto, tantísimo, sonó en el plato del salón de casa. algo que jamás habría ocurrido si casi un siglo antes la madre de mi abuela no se hubiera mudado a la ciudad para buscarse la vida siendo aún muy joven, abandonando la destructiva vida de pueblo que le esperaba para convertirse en una sirvienta más del señorito de turno, ese al que agradecer la liberación que le ofrecía la vida en la ciudad.


manuel domínguez ramos
sevilla, 1971
blogaria
lanadadora.blogspot.com