Kafe aleak 25
k&g
 Cerillas Garibaldi
The Clash  -  The Clash
CBS - 1977
bo

Primero de Mayo. Una fecha siempre ambigua en mi cabeza. Contraste del puro escaparate de los sindicatos del capitalismo frente a la fascinante propaganda de los pretéritos soviéticos. La consiguiente globalización casi había enterrado definitivamente este día en el olvido.

Llevo meses ‘procrastinando’ para escribir sobre el disco que finalmente escogí: The Clash de 1977. Llegué a dudar de la elección, las alternativas eran coloristas y alegres: los jóvenes Bee Gees, la Electric Light Orchestra o los encantadores Pains of Being Pure At Heart. También podían haber sido los Rubinoos, Stones Roses, America o Saint Etienne. Cualquier grupo parecía más apetecible a simple vista. Pero algo me decía que aquel disco punk de mi adolescencia era la opción. Lo achaco a la constante rebeldía frente al estatus oficial: la crítica musical se olvidó repentinamente de este disco en las grandes listas para encumbrar el London Calling. Siempre el academicismo frente al arrebato, pensaba. Nunca podré escribir responsablemente sobre música. Bueno, más bien sobre nada.

El Día de los Trabajadores, la fiesta de la clase obrera, jornada de lucha y reivindicación, una nueva paradoja. Mayo de 2011, 5 millones de parados en esta circunscripción electoral. La izquierda vasca capada por los poderes del Estado de Derecho. Los partidos políticos se mofan retiradamente de esos poderes en su tinglado endogámico y autoindulgente. Los gobernantes cercenan los derechos de sus representados e impunemente se enriquecen. Una religión que beatifica y otra que asesina. El mal no está en la política o en la religión, el error radica en los que la ejercen, los abanderados de la doctrina.

Quién necesita al Parlamento, sentados haciendo leyes todo el día, son todos gordos y viejos” (Remote Control). La apuesta era segura. Sólo había que esperar, dejar fluir los acontecimientos, abrir los ojos y volver a escuchar a aquellos punkies de los London SS y al okupa de los 101’ers, que entonces se llamaban ‘squatters’.

The Clash volvía a sonar en mi tocadiscos y repetía el mensaje, más válido que nunca, de una juventud en paro, sin perspectivas, sin futuro, abocada a la monotonía de trabajos sin ningún tipo de proyección, incluso utilizada para salvaguardar el bienestar de los tiranos: “Nunca abriré cartas-bomba para ti” (Career Oportunities), trabajo que en su día desempeñó el guitarrista Mick Jones.

Hoy en día, asistimos escandalizados a la subyugación de nuestros representantes políticos al sistema financiero y, finalmente, somos conscientes de que todo es una farsa: “Lo que les preocupa son sus cuentas bancarias, eso es todo, y tú no importas” (Remote Control).

También tenía que ocurrir, tras el día de los trabajadores llega mi cumpleaños, el día más maravilloso del año, claro que con 16 años todavía no era fiesta, la circunscripción electoral de Madrid no me había usurpado mi dos de mayo. En esos tiempos se estaban definiendo los mapas electorales, seguramente con buena fe. La oligarquía financiera esperaba… y las guerras, las guerras eran las mismas: “El dólar yankee habla a los dictadores del mundo, en realidad da órdenes y ellos no pueden permitirse perder una palabra” (I’m So Bored With The USA).

The Clash fue el álbum del inicio de toda una carrera musical. Una carrera que crecería y crecería artística y personalmente, quizás sólo fue un boceto con un mensaje claro y contundente, era su catecismo. Se codeaba con las primeras obras de los Sex Pistols o los Damned, pero estos grupos habían agotado su mensaje al nacer. La madurez de los Clash fue plena, cada uno de sus miembros evolucionó sin que tuvieran que renunciar nunca a las proclamas de su primer álbum. Progresaron como banda. Tampoco sus descendientes se quedaron atrás: Big Audio Dynamite, General Public, Havana 3 A.M., The Good, The Bad and The Queen, Carbon/Silicon, The Mescaleros,… siempre fieles a su mensaje seminal: “No quiero escuchar que hacen los ricos, no quiero ir donde van los ricos, ellos piensan que son tan listos, piensan que son tan correctos, pero la verdad sólo la conocen los vagabundos –o pordioseros–” (Garage Land).

Paul Simonon, Mick Jones y Joe Strummer, con “Topper” a la batería que dejó la banda en 1982, forjaron una carrera con unos cimientos sólidos. Joe, el otro guitarrista, murió con 50 años, su vida arrancó muy joven con la malagueña Paloma Romero –Palmolive— okupando el 101 de Walterton Road de Londres. Mick Jones es músico y productor, colabora con Damon Albarn y es defensor del P2P, llegando a no publicar los álbumes de Carbon/Silicon para su libre difusión. El bajista Paul Simonon, que rompió su instrumento en la portada histórica del London Calling, tras formar Havana 3 A.M. se dedica a las artes plásticas.

Decía que era mi cumpleaños. Tantos años cambian las cosas. La situación siquiera es más grave que aquella crisis de los 70. La oligarquía financiera no admite cesión alguna de sus beneficios. Antes no robaban la mayoría de los políticos, sólo algunos. No se presentaban imputados por la justicia en las listas electorales. Los partidos políticos eran manejados por personas, no por sociedades empresariales y corporaciones.

La derrota de la juventud es idéntica. “No puedes hacer ruido, no puedes avanzar, no puedes obtener dinero, no puedes escapar” (Remote Control). Hasta el ‘Hazlo tú mismo’ ha sido secuestrado por empresas o por los propios sellos discográficos que abanderan la independencia. No hay margen ni para el individualismo ni para la participación, ni para la propia gestión, no hay margen para la reivindicación. No hay independencia. “Todo el poder en las manos de gente rica capaz de comprarlo, mientras nosotros paseamos por la calle demasiado cobardes como para intentarlo… quiero un motín… quiero mi motín!” (White Riot).

Las armas han cambiado, el escenario es el mismo: la calle.

Cuando nuestros hijos despierten del sueño burgués, del letargo indie, cuando Titus Andronicus dedique la energía para luchar y no para morir, cuando usen el ingenio ajenos a redes sociales, cuando apuntillen los ataques cibernéticos con barricadas en sus barrios, cuando sean conscientes de su poder y, con todo el impulso que consigue la comunicación social 2.0 y la fuerza de la justicia, entonces, espero que estos catorce disparos, estos catorce mensajes de rabia y denuncia que los Clash descargaron en 1977 sentimientos, represión, terrorismo institucional, rebelión, odio y guerra, identidad, mentiras, estulticia, trabajo, engaños, sexo, paz e integridad y dignidad– les ayuden a construir una sociedad de progreso más justa, basada en la participación, en la igualdad y la solidaridad y, cuando lo hayan conseguido, tendremos que alzar la voz para explicarles todo aquello que la autocomplacencia y la burda ambición nos llevaron a ofrecerles el peor de los ‘No Future’ del que tanto renegamos.

Ignacio Sánchez
1963, Bilbo, Madrid
MUSIKAZALEA