Kafe aleak 29
k&g
 Asier Mendizabal
The Clash  -  Sandinista!
CBS/Epic - 1980
bo
sandinista! by bobbybou on Grooveshark

1.

La fantasía histórica del mundo abarcable y conectado, antes de asumir la forma ideológica de la globalización, tuvo una encarnación políticamente activa en lo que entonces se denominaba, sin que nadie imaginara que el término acabaría pronto relegado, internacionalismo. Podríamos proponer la transición entre el discurso del internacionalismo y el nuevo referente de la globalización como signo condensado del cambio de cosmovisión que proponía la restauración neoliberal. El thatcherismo irrumpe en 1979. Reagan afirma el golpe de timón en 1981. Entre estos dos años, 1980, la grabación del triple disco de The Clash con el elocuente título de Sandinista! (y la pírrica victoria de colarle a la CBS la referencia de catálogo FSLN-1 para identificar el album) no es el principio de algo nuevo, como se ha querido siempre ver, sino el final. El final de algo nuevo.

Si the Clash tenía ya en su haber gran parte de la responsabilidad de la apertura de la sensibilidad punk a culturas musicales de las colonias, fundamentalmente a través de la inmigración caribeña, es en Sandinista! donde esa sensibilidad se torna forma coherente. Signo político. Y donde deja de ser querencia de la metrópoli por el exotismo de sus súbditos más recientes para convertirse en proyecto consciente de hibridación. El hip-hop se une, en este triple disco, a los ya explorados territorios del ska, el reggae y el dub. Parece una obviedad esta idea de fusión, cuando el proyecto musical que acompañó, como caballo de troya, todo el proceso de desideologización de los años sucesivos, fue el de la world music, la música del mundo, que era, se sobreentendía, la del resto del mundo.

Sandinista! no es, pues, el disco que anticipa el entusiasmo acrítico de lo multicultural, sino una especie de epitafio temprano a la posibilidad, por él mismo inaugurada, de una inserción en el mainstream del proyecto político del internacionalismo.

Cuatro días antes de comenzar 1980, la protección del ejercito soviético al gobierno socialista de Afganistán contra muyahidines financiados por la CIA se convierte oficialmente en una invasión. Ese mismo día, los Clash daban un concierto benéfico en Londres por los refugiados que huían en masa a Tailandia tras la caída del régimen de Pol Pot en Camboya. El inicio de la nueva década impondría un cambio en el curso de la narración de la historia que funda nuestra contemporaneidad. Una restauración. Cabe imaginar, a modo de ficción histórica, un curso diferente de los hechos y sus interpretaciones, acompañados de la ingenua exhortación de los Clash a no perder de vista la importancia crucial de cada conflicto en cada rincón del mundo.


2.

Sandinista! era, por otra parte, un disco muy norteamericano. Prácticamente todo el disco se grabó en Nueva York y a esa ciudad está dedicado uno de los cortes, que pasa por ser el primer rap grabado por un grupo blanco. El gesto era profético. La canción no tenía intención de serlo, a pesar de que su sugerente título nos haga pensar en futuras visiones del apocalipsis. "Lightning strikes (not once, but twice)". Un rayo golpea, no una vez, sino dos. De Afganistán a Nueva York y vuelta. La historia, en efecto, no había terminado.


3.

Como consecuencia menor inesperada, aquella identificación inequívoca con el proyecto político del internacionalismo por parte de los Clash ayudaría, cuatro años después, a la asimilación sin restos de estigmas incómodos del paradigma punk por parte de toda una generación de jóvenes vascos a los que tranquilizaba el aval que pudiera suponer, en cuanto a mantenerse fieles a determinaciones ideológicas más prioritarias, el "Nicaragua Sandinista" de Kortatu. Fue el aval que disipó la desconfianza de la ortodoxia abertzale hacia un fenómeno percibido como lumpen, hasta acabar oficializándose en la construcción de un imaginario común de identificación sin dobleces. Si argüir que el triple album Sandinista! propicia un punto de inflexión histórico es solo sostenible como metáfora, en el caso particular de su significado para la historia concreta de la representación política en Euskal Herria, su posición angular y las consecuencias directas que provoca son muy reales y específicas. Cumplió, aunque en momento y lugar inesperado, la supuestamente ingenua aspiración de cambiar cosas concretas por medio de la música.


4.

He sostenido en algún otro lugar que el contenido último y real de las estrategias simbólicas para-guerrilleras que dan forma al imaginario Clash es el del goce libidinal implícito en el código de fraternidad viril de la banda. El grupo en acción. El grupo configurado por la acción. Contestando a una pregunta sobre su fascinación por la segunda guerra mundial y por la parafernalia militar, Paul Simonon daba una respuesta aparentemente elusiva, diciendo que se debía a su pasión por las películas de aventuras bélicas de los sesenta y setenta, especialmente las de la segunda gran guerra. La respuesta, lejos de fingir una posición menos comprometedora, daba las claves sobre el verdadero hueso antes aludido. La narrativa de aventuras de todas las películas a las que se refería Simonon es esencialmente idéntica: un grupo de hombres, generalmente renegados, inadaptados o excluidos, despliega toda una dialéctica de lealtad, fidelidad, traición y redención final, a través de la acción conjunta de cada una de sus aptitudes individuales. De Doce del patíbulo a Los violentos de Kelly.

En esta fantasía del grupo excluido que configura su propio código se confunden la realidad del problemático grupo humano que eran los propios Clash con las ficciones que construyeron a partir de ese grupo humano.

El azar hace que todos estos elementos se combinen elocuentemente en las biografías de sus protagonistas. Después de la traumática disolución del grupo, pero inscrito en el legado estético-político configurado por este, Joe Strummer será el único miembro del grupo que participará, en 1987, en la película de Alex Cox Straight to Hell, que toma su título de una canción de los Clash. El delirante spaghetti western, que contó con un reparto en el que figuraba gran parte de la escena punk británica de entonces, es una gamberrada autoindulgente en la que los músicos hacían de banda de atracadores marginales en medio de todas las fantasías del género antes aludido.

No era muy diferente, en su cándida intención, del corto casero que filmaran los propios Clash en sus mejores tiempos, titulado Hell W-10, haciendo de atracadores en el West-End. El infierno de Londres se reencarnó en el infierno de Almería, donde rodaron la película de Cox improvisadamente, porque el grupo de músicos (incluyendo a Elvis Costello o a the Pogues) decidieron aprovechar que se habían quedado colgados juntos tras la cancelación de una gira organizada por el director en... Nicaragua. No he verificado nunca si efectivamente, como se cuenta, fueron desconfianzas de orden político del gobierno Sandinista las que dieron al traste con la gira programada; pero si no è vero, è ben trovato.

Ese mismo año, Cox y Strummer se embarcarían en un mucho más complejo y consciente proyecto fílmico. Walker, la película para la que Strummer compuso la banda sonora íntegra, ademas de interpretar un papel secundario, daba la vuelta al efecto del género fílmico de aventuras bélicas. En lugar de contar una básica historia de fraternidad y buena camaradería a través de la coartada histórica de la guerra, desvelaba una acertada crítica política bajo la aparente inanidad de una historia de filibusteros inadaptados. Los personajes de la película, protopunks del siglo diecinueve, parecían caricaturas con pátina histórica de los desclasados de Straight to Hell. Encarnaban, sin embargo, una históricamente correcta (aunque provocadoramente inexacta) reconstrucción del episodio en el que el filibustero William Walker, apoyado por capital financiero norteamericano, invadió Nicaragua con una partida de mercenarios hasta autoproclamarse presidente del país en 1856. La película, rodada en medio de la criminal intervención norteamericana en centroamérica, era un gesto militante necesariamente más desencantado que el álbum que los Clash habían dedicado al tema siete años atrás.


Asier Mendizabal
Ordizia, 1973
Ikusizko artista