Kafe aleak 34
k&g
 Silvia Buendía
Violent Femmes -  Violent Femmes
Slash Records - 1983
bo

Aquella mujer estaba loca. No reconocía ya en ella nada de lo bueno, solo la oía gritar allí en medio de aquella oscura y gélida calle.

La había vuelto a cagar, pero ésta vez el error era irreparable. De pronto, sin más se dio la vuelta y se marchó. Dudé un instante si debía seguirla o no pero mi cobardía me dejó allí plantado, frente al bar dónde solíamos quedar. Crucé hacia él y entré, el calor me dio de golpe. Era un garito de los de antes. Amplio y de cristales ajados, pintura verde ya amarillenta debido al exceso de tabaco de su clientela y una alta y larga barra de mármol empapada de cerveza. El ambiente era tenue, pedí un Manhattan y me di la vuelta. La luz fue disminuyendo, al fondo sobre el escenario salieron cuatro tipos vestidos con petos vaqueros al más puro estilo folk, con unas guitarras y un llamativo guitarrón. Gordon, Brian, y Guy estaban preparados. Eran Violent Femmes.

La gente se fue acercando y yo me animé a seguirles, nadie me esperaba y esto me ayudaría a distraer mi enferma mente.

Gordon se acercó y nos presentó el que iba a ser el primero de los temas “Blister In The Sun” un buen principio con guitarrón y batería tocados al más puro estilo rockabilly, de pronto como contagiados por un extraño éxtasis comenzamos a movernos con aquella música que iba subiendo y bajando la intensidad como si dentro de un gran tambor nos metieran para soltarnos de repente hacía el asfalto. Sin dejar que nos relajáramos continuaron con un tema que parecía destinado a mi estado de ánimo aquella noche “Please Do Not Go” suplicaban las voces, de un modo somnoliento, tanto que busqué mi móvil en el bolsillo del pantalón con intención de marcar su número, pero de nuevo mi escaso coraje hizo que desestimara aquel impulso.

Continuaron con un tema que recordaba haber escuchado alguna vez en su antigua buhardilla, donde me hacía escuchar sus discos, era “Confessions” una relajada crítica a la sociedad de las prisas, a una soledad como la mía y a las obligaciones, la letra y la música de aquellas guitarras cansadas y quejicas se lanzaran hacia mí como una afilada lanza.

Apuré mi copa y me acerqué de nuevo a la barra. El viejo camarero me miró con aspereza cuando le pedí otra. Me sirvió y desapareció. Empezaba a escucharse una voz desnuda, sin acompañamiento de ningún tipo y de pronto un pegadizo ritmo nos metió en un tema que presentaron como “Add It Up”. Al terminar y aun lleno de la excitación que me había causado parte del concierto salí de allí con unas tremendas ganas de correr.

A la mañana siguiente con la boca llena de arena y fuerte dolor de cabeza solo recordaba aquellas primeras horas de la noche. Me levanté y vi que sus cosas habían desaparecido, solo quedaba algo que ella había olvidado una vez, aquel disco de Violent Femmes. Lo puse en mi plato y dejé que sonara de principio a fin.


Esta es parte de la historia de un fracasado más, con una mediocre vida dónde al final, la música lo acaba curando casi todo.


Silvia Buendía
Bilbo, 1975
Musikazalea