Kafe aleak4
k&g
Ander Barriuso
John Coltrane - A Love Supreme
Impulse - 1965
bo


God will wash away all our tears...

He always has...

He always will.


John Coltrane

No siempre sucede.

Pero sí la mayor parte de las veces. Muchas veces.

Sentir la emoción que le produce escuchar ese disco, lo cual más de una vez ha buscado y de vez en cuando ha conseguido.

Eso mismo es lo que quiere sentir ahora también (tras cerrar la puerta de la calle con el cerrojo y entrar en casa), con urgencia, y no la inquietud que trae de la calle.

Se desprende de sus zapatos de tacón según cruza el salón de estar. Una vez en la cocina, vierte alcohol en un vaso, sin hielo, y bebe el primer trago con ansia mientras afloja el elástico de su minifalda negra de cuero.

Más tranquila, baja las cortinas y deja la casa en una suave penumbra. Se sienta en el viejo sofá y pone el disco en marcha. Enciende el cigarro que sostienen sus labios pintados de rojo y despidiendo placenteramente una larga bocanada escucha la llamada de las primeras notas, inesperadamente, como repentinamente se lanzan los pájaros a volar.

El contrabajo, acompañándose de piano y batería, dibuja un tranquilo y repetitivo ritmo, sosegadamente, y sumergiéndose en la profundidad del sofá se deja resbalar tras ellos. Cuando el saxo comienza a confesar sus pecados a gritos, le parece que anduviera buscando las palabras correctas, que es tan dubitativa como ella. Le sigue a continuación el sólo, como queriendo hacerse con algo, una idea, o quizás una respuesta, probando nuevos caminos en ese lenguaje que constantemente regenera. Por momentos todo es cambio de dirección, inseguridad, para después resolver el embrollo sin dudar y lanzarse hacia delante en una vorágine imparable. Si bien parece que por instantes se atasca siempre encuentra una salida.

Ella también sabe que debería buscar una salida, pero el miedo que siente en su interior pesa más que el plomo, y le encadena los pies. O acaso es su instinto de supervivencia el que no le deja huir, a saber. De una forma u otra, admite, con pesar pero sin mucha compasión, que no sirve de nada imaginar los nuevos caminos que no recorrerá. Vacía el vaso con un solo movimiento.

Poco a poco, el ritmo vuelve a decrecer y el ambiente se va relajando. Parece que los músicos hubieran descubierto algo, como tomando un descanso en torno a una idea, y siente que se va relajando junto a ellos. Las voces (...a love supreme...a love supreme...) le conducen a una dulce repetición espiral. Son profundas e hipnóticas, pero sencillas, y tambien indómitas. Se queda el bajo sólo, jugueteando con esa idea, va tomando fuerza, preparando la explosión que llevarñan a cabo todos juntos. Se lanzan y el saxo se despoja de toda la suciedad como si volara, tomando aire profunda y enérgicamente, tal y como gritar nos limpia. Esa es la limpieza que desea para su vida, está cansada de sentir asco cuando trabaja, de no poder quitar esa suciedad de su mente... mientras tanto, el piano dibuja notas de cristal danzando con seguridad, divertido y alegre, para dar después paso al saxo con una fuerza obsesiva, para que pueda proseguir en su búsqueda, perdiéndose y haciendo camino, gritando eufórico, volviendo a amansarse sumergido en la agradable fatiga posterior a encontrar la respuesta.

Tras un pequeño descanso la batería vuelve a llenar la sala, con la inquietud de una bestia enjaulada. El cuarteto vuelve, con ansia de algo, de prisa tras aquello que urgentemente desea, un cambio, una solución, una salida. Ella en cambio no cree que nada vaya a cambiar, no ve solución alguna, no ve salida alguna. Trae a su memoria obsesivamente el asco y la nausea de cuando hizo su primer “trabajito”, la angustiada cara de su “cliente”, el terrible gemido final. La larga vomitona que echó al quedarse sola.

Hoy no ha vomitado. El hábito ha hecho que la arcada desaparezca, pero la nausea continúa ahí, con una fidelidad agotadora, y por esa razón se enfrasca en la música con todas sus fuerzas, para esconderse de todo eso. El piano rodea ligeramente las dificultades, avanza con elegancia hasta que el saxo vuelve a tomar parte en el juego, huyendo hacia delante libre y eufóricamente, tal como ella quisiera huir.

Al final parece que han llegado a algún puerto. Disminuye la velocidad y descansan, van desapareciendo como si se derritieran, y la batería vacía sus entrañas como un aguacero. Aún recuerda los tiempos es que era capaz de llorar, pero hace tiempo que la vida le ha quitó las lágrimas de la cara. Escucha las locas volteretas del contrabajo, cómo pasa a jugar seria y hermosamente, como al escondite.

La última parte comienza como una oración, despacio. Es una conclusión, una plácida mirada a la belleza del camino realizado. Con los ojos cerrados, el final del disco le recuerda a las lentas curvas y espirales que emanan del cigarrillo. Escuchando las últimas notas, que lentamente se van apagando, piensa que es como cada vez que lleva a cabo el encargo de matar a alguien, tan sinuoso como el humo negro que sale de la boca de la pistola tras disparar.


John Coltrane (saxo tenor), McCoy Tyner (piano), Jimmy Garrison (contrabajo) y Elvin Jones (batería)g grabaron el 9 de diciembre de 1964 el disco llamado A Love Supreme en el
estudio de Rudy Van Gelder, en New Jersey, en el momento más álgido del cuarteto, registrando así el que, para muchos, es el mejor trabajo que jamás compuso John Coltrane.



Ander Barriuso

Eibar, 1976

Técnico de sonido