Kafe aleak 64
k&g
 Aitor Suarez
Borreroak baditu milaka aurpegi - Negu Gorriak
Esan ozenki - 1993
bo

             

Desde hace mucho tiempo, cada vez que me hago esa pregunta, obtengo la misma respuesta en mi cabeza: Borreroak baditu milaka aurpegi.

Hay pocos discos, en mi opinión, que tengan la densidad, la fuerza y profundidad de este. Muy pocos discos que me hayan impactado tanto y tan hondo en tantos aspectos.

Para cuando Negu Gorriak publico este disco, su tercero de estudio,  en abril de 1993, Negu Gorriak ya había dado algunos grandes saltos. En lo musical; de un iniciático y novedoso (en muchas cosas) debut,  al potentísimo Gure jarrera
 (1991).  De trío a quinteto. De la gélida neblina de Herrera de la Mancha y el directo testimonial a la banda compacta de directo enorme, embarcada en la gira más amplia que ningún grupo vasco había hecho hasta la fecha;  media Europa, Cuba y más tarde el primer salto al continente americano. En lo ejecutivo; De Oihuka al concepto del  “Háztelo tu mismo” y la experiencia independiente (con mayúsculas) de Esan Ozenki.  El grupo estaba creciendo en todos los aspectos y este disco, en el centro de su trayectoria, grabado en tres semanas y mezclado en una, supone en mi opinión, su cumbre musical.

“Gure Jarrera” ya me había tocado profundamente en muchos sentidos, pero en el caso de este “doble negro” la carretera se me ensanchaba enormemente y se bifurcaba en un montón de vías. Es un disco duro en lo musical y en lo emocional, extenso (70 minutos), cuya base es el rock, en el amplio sentido de la palabra, pero envuelto en un buen número de ingredientes. Es un disco con pocas vías de escapatoria también. Estilísticamente muy rico, Negu Gorriak entonces se movía en el crossover de todas aquellas experiencias de las que bebía, admiraba y asimilaba trayéndolas a un territorio original y propio en la escena y en su tiempo. Eran alumnos aventajados del “mira y aprende”  y profesores humildes y astutos a la vez.

Recuerdo quedarme ensimismado contemplando las láminas de Asisko Urmeneta que ilustraban la flamante edición doble del vinilo y releyendo una y otra vez las letras del disco. Este disco es un tratado emocional atravesado por sentimientos oscuros, tales como la tristeza, la desesperación, la ansiedad, la muerte, el odio, el dolor, la ausencia o la espera. El iris afilado se detiene también en los mass media, el timo del rock and roll, la tortura, la esperanza (con cuentagotas), nuestro modelo de vida o el racismo. Es un disco donde el trabajo de música y letras está bastante repartido entre el grupo y otras apropiaciones (versiones de Mikel Laboa, Delirium Tremens y M-ak), pero el peso mayoritario de este, recae en Fermin Muguruza que deja, como en otras ocasiones, un reguero de referencias y nombres propios. A mi edad, muchísimas de esas citas se me hacían ajenas y desconocidas, e irlas descubriendo fue un proceso también revelador. Era recorrer sus letras como si de la ruta del mapa de un tesoro se tratara.

En lo musical el disco es una fuente inagotable: el hard core, los medios tiempos, los vientos, los samplers, las cortinas con las que las guitarras van vistiendo cada canción, el pulso del bajo, muy presente, las combinaciones de cajas de ritmos  y la batería, el rap, ¡la salsa!...

Recuerdo también al verles en las fotos de las entrevistas con camisetas del “Blue train” de John Coltrane, Mano Negra, Ice Cube, Mudhoney, John Lee Hooker y claro, Public Enemy. En aquel tiempo todo aquello fue realmente un viaje musical enorme de tremenda influencia y de gratos descubrimientos. El suyo era un discurso musical avanzado, y junto con otros (pocos) ponían la primera piedra de una nueva escena en el país. Ahí estaban o llegaban Ama Say, Dut, Kashbad, Lisabö, Anari o Xabier Montoia.

He tenido casi todas sus canciones de favoritas  durante algún momento. En ocasiones me he detenido en la arrolladora “Bi doberman beltz”, otras en la extraña hermosura de “Hemen izango bazina”, en la cadencia de Borreroak baditu milaka aurpegi










la versión arrolladora de Kaixo, unas veces bailando con Chaquito en la fiesta de su regreso a casa, otras ahogado en lo versos de Bertol Brecth de Hiltzeko edo ugari, embarcado en la velocidad de los vientos de Bost gehiago  o dando vueltas de campana en el coche de Erori.


Lo extra musical aquí también cobraba un sentido muy importante. Lo que decían y hacían me creaba una rara atracción, en un tiempo en el que no comprendía o compartía algunas de sus posturas. Era un grupo muy polémico para algunos. Creo que fue también impactante para mi, ver que aquel no era un grupo cualquiera. En 1993 Fermin decía, citando a los OTH, que “el rock es la última aventura del mundo civilizado. Y eso es lo que estamos viviendo nosotros”.  Y aquellas peripecias se me hacían altamente inspiradoras. Era el grupo que golpeaba a base de guitarrazos y una caja de ritmos los muros de la prisión española de Herrera de la Mancha, el que en 1991 rompía el bloqueo y actuaba en Cuba, que marchaba a El Salvador a participar en las primeras elecciones del FMLN, el que actuaba en Washington DC con Fugazi y Chumbawamba y por sorpresa en el gaztetxe de Larrabetzu. El grupo de rock que tocaba subido a un camión frente a los juzgados cuando querían juzgar a dos de sus miembros por insumisos y que hacia frente al temible Galindo.

Si, aquello era más que un  grupo música y este uno de los discos de mi vida.


Aitor Suarez

Barakaldo, 1976

Musikazalea

www.negugorriak.net