Kafe aleak 68
k&g
 Xabier Gantzarain
Family   -   Un soplo en el corazón
Elefant Records - 1993
bo


Un soplo en el corazón

Este cuento también empieza como los cuentos de la infancia: una vez, hace unos dieciséis años, Sutsu, Pui, Jota y yo fuimos al monte a pasar un par de noches.

Detrás de Izarraitz hay una fuente llamada Ixkiturri, y bajo ella, como en un agujero, una cabaña que antes se usaría para guardar las ovejas y hoy se ha convertido en refugio de los montañeros, con un tejado del tipo de los que los niños dibujan, con la única comodidad de un fuego bajo, suelo de cemento, unas pequeñas ventanas y un largo apoyo pegado a la pared que puede servir de asiento o de cama. El paraje no es excesivamente precioso, pero tiene algo en su sencillez que lo hace más atractivo que la cima repleta de cruces. Es una cabaña larga y achatada, y a su lado se erige un robusto y largo árbol, que al lado de la cabaña de piedra parece estar pintado con plastidecores verdes y marrones, también tiene una mesa y unas sillas de cemento en el exterior, para que los montañeros descansen y almuercen, y un pozo del cual beben los animales cuando no hay humanos alrededor. La choza está en un rincón, como en un agujero, desde la fuente hacia abajo y siguiendo el camino que han hecho los rojos caballos con sus idas y venidas al pozo, se tardan unos diez minutos andando entre helechos hasta llegar a ella. Tampoco voy a decir que el paisaje que se divisa desde allí sea muy hermoso, pero nosotros no fuimos a ver el paisaje. ¿A qué fuimos? Estate tranquilo, ahora te lo cuento.

el sofá de nuestro piso de estudiantes era azul. Era mi primer año fuera de casa. Éramos cinco chicos. Los gemelos preparaban la pasta en la olla a presión, giraban la olla y una única pieza caía en la bandeja, hacíamos cinco trozos y vaciábamos un bote de tomate sobre ellos y, listo, la cena hecha. No teníamos tiempo que perder en la cocina. En cualquier otra cosa sí. Todos los meses compraba la rockdelux, que había conocido por Sutsu, y leía las críticas de discos, las entrevistas a músicos, cualquier cosa, pero algunas veces, en vez de escuchar los cantos de los pájaros me parecía que estaba leyendo libros de ornitología, y me enfadaba conmigo mismo, y también con la revista, y al final, me prometía a mí mismo que no, que no iba a comprarla más, pero sucumbí y compré el ejemplar en el que aparecían las listas con lo mejor del año, allí en un kiosko perdido de Leioa, bajo la lluvia y con un viento frío que me helaba hasta los huesos.

Si mal no recuerdo, el Dummy de Portishead fue el mejor disco internacional (del mundo), y el premio al mejor disco del estado (español), ex-aequo, fue para el Moor Room de Cancer Moon y para Un soplo en el corazón de Family. compré los tres. Desde entonces están entre mis discos preferidos. A veces vienen bien los libros de ornitología.

Emprendimos el camino hacia arriba sin hacer mucho caso a los cantos de los pájaros; Sutsu y Pui algo más, pero Jota y yo no éramos nada montañeros nos daba bastante rabia ese modelo de vasquidad, no entendíamos cómo tanta gente ansiaba la cima de la cristiandad (entre ellos muchos de la izquierda abertzale): cuesta arriba, tras sudar y echar el hígado llega la cima, el aire, la paz: sin sufrimiento no hay disfrute. Nos reíamos de tonterías como que el camino es la meta. Si nos llevaran hasta arriba en helicóptero nosotros felices. Pero no nos llevaron, y nos pasamos todo el camino aburriendo a los amigos con el "¿falta mucho?, tanto que al final se cansaron más que nosotros. Pero al final llegamos, y aquella cabaña nos pareció el hotel más elegante del mundo. Comenzaba a anochecer.

Recogimos palos, buscamos alguna rama más gruesa que otra, junto al fuego había un trozo de tronco que habían dejado los anteriores visitantes. El verano estaba a punto de llegar pero no hacía nada de calor, a la noche enfriaría más y a la mañana habría rocío. Encendimos el fuego. el mundo enmudeció. Sacamos el radio-casete, que necesitaba cuatro pilas de las gordas, la cinta que tenía el disco de Family y
algunas canciones sueltas de La Buena Vida (entre ellas En bicicleta), y nos sentamos alrededor del fuego. Estábamos esperando a que cayera la noche. Allí teníamos las estrellas y los limones.

Lo llevamos envuelto en papel de plata, era un pequeño cartón, tenía la imagen de una bicicleta, era la primera vez, teníamos miedo, y teníamos ansias, nos miramos y sin mediar palabra cada uno comió medio cuarto. Jota no comió, necesitábamos un ángel, por si acaso. Nos miraba detenidamente: sus ojos azules mostraban su preocupación, amor y curiosidad. Estábamos en silencio; nos habían dicho que teníamos que tenerlo contra el paladar. El viaje iba a comenzar. Jota pulso el botón del play.

La noche estalló en nuestros ojos, se hincharon, se nos metieron las estrellas dentro, no cabíamos dentro de nosotros, éramos amor, bailábamos, éramos una sonrisa sin fin, volábamos sobre los bosques , anduvimos sobre los caballos rojos, fuimos a Portugal y volvimos, nos convertimos en lagartos, mientras la cinta de Family daba vuelta y vuelta. Caímos dormidos junto al fuego. Cada vez que recuerdo aquella noche me da un soplo el corazón.



Xabier Gantzarain
Azkoitia, 1975
Idazlea





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