Kafe aleak 82
k&g
 Kattalin Miner
Chavela Vargas  -   Macorina
RCA - 1996
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Yo soy Macorina, y nadie más

Algunas veces nos esforzamos por que las cosas sigan siendo especiales. Cerramos los ojos fuertemente, como si quisiéramos quedarnos ciegas, para no ver cómo algo que para una misma es tan especial, es también especial para otras muchas. En la música además de los ojos, tenemos que cerrar también los oídos, para no escuchar esa canción en otro lugar. Pero muchas veces tenemos que aceptar que eso que para nosotras es tan especial, no lo es para siempre.

Cuando tienes 12 años tu tía coge el coche y te lleva a Madrid, porque te ha contado que allí, en el museo Thyssen, hay un cuadro de Frida Khalo, que lo acaban de traer y que lo van a tener por poco tiempo. Y recuerdas cómo pasas sin dormir la víspera, con la misma emoción de cuando te truncaron la existencia de Olentzero. Recuerdas, mientras repasas una a una, con la luz de la mesa de noche encendida todos los cuadros de Frida del libro de Tasch, preguntando cuál será el que verás el día siguiente. Sí, tienes 12 años y eres una friki mitómana.

Recuerdas, también inocentemente, que creías que Frida era especial, como sólo tuya, o en como mucho tuya y de tu tía, después cuando creces te das cuenta de que es un nuevo Ché y te enfadas. Pero eso también se aprende.

Si ahora cierro los ojos fuertemente, , puedo ver a veces aquel cuadro de Frida, y cómo mi tía me cubrió para poder hacer el pecado más grande que se puede cometer en un museo: acariciar un cuadro.

De vuelta en el coche, le pregunté a mi tía a ver si tenía música, y ella me dijo que no, o no por lo menos nada que me pudiera gustar. Yo anduve revolviendo las cassetes y encontré esta: Chavela Vargas. Quizás mi tía no lo sepa, pero al contarme la historia de Chavela se encendió la mecha de mi segundo amor platónico. Y entonces recuerdo que hicimos todo el viaje cantando a pleno pulmón “¡Ponme la mano aquí Macorina, ponme la mano aquí!”, gritando, clamando, tratando de imitarla.

Y entonces fui una friki mitómana por segunda vez, una niña friki mitómana de 12 años que llena las paredes de su habitación con fotos de Frida y de Chavela. Luego pasa el tiempo y te haces lesbiana (sí, a veces pasa, tranqui, no es tan horrible), y encima feminista, y te das cuenta de que ves a esas dos amigas especiales en cualquier lado y a cualquier momento. Pero sigues, cantando con chavela, y de vez en cuando piensas, que te explica la vida, mientra te canta, que entiende tu vida y tus amores. Sí, ya te has convertido en una lesbiana dramática y ahí no hay vuelta atrás. Pero luego te das cuenta de que tampoco eres tú tan especial,que hay un montón de lesbianas por la calle con el corazón roto que llevan en sus cascos a Chavela (no se puede medir cuánto daño le ha hechoChavela a la vida de las lesbianas). Y te enfadas. Te enfadas tanto que guardas todos los discos de chavela, en un rincón, y la odias y le dices mirando a la foto: “para eso escucho a Bebe, ¿sabes?”. Como si fuera su culpa.

Pero vuelven a pasar los años, y vuelves a casa de tu madre un verano, y ahí anda detrás de ti, a ver cuándo vas a limpiar tu habitación, y esos son los momentos clave. Allí encuentras a aquella mujer que amaste, llena de polvo, con la mirada perdida en un CD que dice Macorina, seria.

Esos momentos son de oro. Pulsas la tecla play, pones la última canción directamente, y como si estuvieras en aquel coche, una y otra vez, y gritas  una y otra vez “¡Ponme la mano aquí Macorina, ponme la mano aquí!”, y mandas todo a la mierda, diciendo "tú serás siempre para mí, esas no saben nada... Tú y yo, Chavelita, tú y yo".


Kattalin Miner. Hernani, 1988
Bloguera
kattalintxo.blogspot.com







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