Kafe aleak 89
k&g
 Andrea Galaxina
Astrud   -   Mi fracaso personal
Chewaka - 1999
bo




Esta cosa de cantar canciones, así en abstracto…

La primera vez que vi a Astrud fue en televisión, en concreto en el programa Lo+Plus. Cantaban “Bailando”, un hit que ya conocía. Ellos dos, nunca en mi vida había visto algo parecido. Yo tenía 13 años y empezaba a iniciar la búsqueda de mí misma. Me enganchaba a cualquier referencia a lo queer, antes si quiera de saber qué era eso de lo queer. Pero ellos dos… Uno con aspecto de chico bueno, de empollón, de recibir todos los insultos del mundo: gafas de pasta enormes, ropa de señor, camisa abrochada hasta arriba. Otro al teclado, como un palillo, pelo corto, cierto aspecto bohemio… y tacones. No entendí nada. Haciendo una versión de Paradisio. Me quedé con su nombre Astrud, y el nombre del disco que estaban presentando Mi fracaso personal. Lo tenían todo. ¿De qué hablarán sus otras canciones? En la época pre-internet, en una ciudad como la mía, era una misión casi imposible conseguir un disco de esas características.

Reconozco que como oyentes no os falta voluntad…

Eroski, un día cualquiera de 1999. Yo era fan de Mecano, primordialmente, pero seguía en la búsqueda. Mirando en los estantes de discos, que por aquel entonces todavía ocupaban un lugar considerable en los hipermercados de repente lo vi. Dos personajes sosteniendo un vaso con vino ¿derramándose?, en un fondo azul claro, enmarcados por una corona de laurel plateada y esas letras también plata “ASTRUD MI FRACASO PERSONAL”. Lo había encontrado. Es el tipo de los tacones. “Tres años harto”, “El amor era esto”, “Cambio de idea”, “Bailando”…sí, es este.

Y no quiero ocultar que siempre hubo un matiz o la sombra de una duda…

En aquellos momentos de cosquilleo adolescente y pobreza tecnológica usar el reproductor de cedés sólo era posible en la enorme cadena de música que le habían encasquetado a mi abuelo después de una de esas excursiones para jubilados enfocadas a venderles todo lo vendible, él cayó, pero a mí no me importó demasiado ya que era el primer reproductor de cedés que entraba en casa, toda una revolución. Sin embargo, yo tenía que desahogarme, musicalmente hablando, con un walkman. Grabé Mi fracaso personal en una cinta, cuidando de que “Bailando” abriese el casete, para poder encontrarla fácilmente en caso de necesitar oírla. Pero claro, el collage sonoro siempre tuve trampa y al final siempre acababas escuchando las primeras canciones de la cinta y a rebobinar, hasta que se te trababa y estropeaba. “Bailando” seguía emocionándome, descubría sus entresijos en cada escucha; “¿Ha dicho erección?” pero el resto… El resto me aburría soberanamente, no lo entendía. No encontraba en esas letras tan enrevesadas lo que estaba buscando, no había nada homosexual ahí. Me hacían gracia frases sueltas “Hay demasiada cafeína en mi torrente sanguíneo”, pero ya. Quizás, después de todo, una adolescente pueblerina no estaba preparada para un disco de Astrud.

Y era tan solo cuestión de tiempo que nos desbordaran los acontecimientos

Tenía una cinta de casete con un disco que no entendía, y ese disco además también estaba en un cedé que, probablemente, acabaría olvidado en algún rincón de mi habitación. Sin embargo, y no sé por qué clase de movimiento cósmico extravagante acabé prestando el cedé a una compañera del instituto que era fan de Maná. ¿Por qué hice eso? ¿Cuáles fueron las virtudes que desconocía pero que sin embargo vendí tan bien para que ella aceptase ese préstamo? No tengo ni idea. Sin embargo cometí la imprudencia (ahora sé que fue una imprudencia) de dejarle el disco. Y en sus manos estuvo, durante meses. En esos meses yo me olvidé de él, hasta que un día me lo devolvió. Con un rayón en la caja. Pero volvió a mí.

¿Y si cambio de idea sobre ti?

Pasó bastante tiempo, mi vida cambió considerablemente. El nuevo siglo estaba aquí, mi colección de discos había crecido humildemente y yo soñaba día sí día también con meter los bigotes metidos en el mundillo indie. En el mundillo indie que veía desde la lejanía del asilamiento provinciano. Buceaba en Internet a costa de dejarme bastante pasta en el ciber de mi pueblo. Compraba algún cedé en la tienda de discos del centro comercial. Ojeaba una revista de música alternativa patrocinada por Pepsi.

Voy a pensar aun más en ti y a no olvidarme de no dejar de recordarte.

Y un día cualquiera, de un año cualquiera, después de que sin ninguna razón concreta, salvo, tal vez, que el nombre del grupo me sonaba familiar, comprase su segundo disco(Gran Fuerza) descubrí la grandeza de Mi fracaso personal. Era como si todos los muros que me habían impedido disfrutar de él cuando lo compré hubiesen caído. Ahora me encontraba inmersa en un jardín lleno de enredaderas, de plantas en flor, de carnosos y jugosos frutos, de vino y coronas de laurel. Estaba en medio de una bacanal, Dionisio correteaba cerca de mí y Astrud ponían la banda sonora.

Astrud abrieron una puerta en mi mundo muy importante. Me quitaron el miedo a lo desconocido y a lo diferente. Hicieron que no temiese ser distinta, sino que me enorgulleciese de ello, que eso fuese mi seña de identidad. A rebuscar en lo complicado, a ser paciente para poder descubrir cosas maravillosas. Mi fracaso personal no hace honor a su título, aunque fue su título lo que me llevó a él. Ellos hicieron muchas cosas después, yo compré muchos discos después, pero este y la brecha que abrió es insustituible.

El disco de Astrud se puede considerar un disco seminal. El inicio de una nueva etapa en la música alternativa española. El eje de unión entre la explosión noise en inglés que se vivió en los 90 y el Indie-pop en castellano de los 00’s en adelante. Astrud despertaron con este disco todas las filias y las fobias que representa la música mal llamada indie. Por un lado las letras intrincadas, petulantes, intelectualoides, al alcance de unos pocos elegidos que entenderán esos guiños a la juventud hedonista y demasiado preocupada en sí misma como para preocuparse en cualquier otra cosa. Por otro lado, la valentía de hacer y ser cómo les da la gana, de poder resultar pedantes y a la vez lo suficientemente petardas para versionar a Paradisio e interpretar los temas subidos en zapatos de tacón, para reivindicar a Magnetic Fields, a Pulp, a Astrud Gilberto, a los 6ths o a Chico y Chica. Después de este primer LP, el dúo catalán tomó una deriva distinta, alejándose gradualmente del barroquismo pop para abordar desde su propia y personalísima perspectiva la música popular. Las complicadas letras dejarán paso al costumbrismo que predominará en su obra a partir de, sobre todo, el tercer disco; los sintes a la música de cuerda y a los instrumentos tradicionales como la zanfoña. Astrud han cambiado mucho, y yo con ellos, y es que en el fondo, somos lo peor.



Andrea Galaxina. Santander, 1986
Editora de fanzines
bombasparadesayunar.blogspot.com.es





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