Kafe aleak 92
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 Irene Ormazabal Fernandez
Vainica Doble   -   En familia
Elefant Records - 2000
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Los fans de Vainica Doble no somos numerosos, pero sí muy devotos. Es un don, una suerte que hemos tenido, el ser tocados por las canciones de Carmen Santonja y Gloria Van Aerssen. Mucha gente, cuando las escucha por primera vez, dice: “¿Pero qué coño es esto?”. Les suena rancio, aflamencado, bizarro, qué sé yo.


Hay mucho que decir de las Vainica, miles de cosas que se me escapan. Y si los estudios sobre música y cultura popular se tomaran más en serio en las universidades, alguien podría escribir una tesis doctoral sobre ellas. Yo sólo apuntaré lo que considero algunos de sus principales méritos: radical independencia respecto de tendencias y grupos contemporáneos; tratamiento en las letras de temas desconocidos en el pop y el rock, como la maternidad, la infancia, los animales, la vida cotidiana; un punto de vista reconocible como femenino pero a años luz de cualquier estereotipo y sobre todo, la creación de un universo propio, único, originalísimo, que te atrapa como tela de araña y del que nunca querrías salir.


Aunque no haya tesis doctoral, sí que hay un libro sobre Vainica Doble, escrito por Fernando Márquez en 1982. Uno de los apartados del libro recoge textos cortos de fans del dúo, y algunas de las palabras que más repiten son “flechazo” o “historia de amor” cuando se refieren a su propia relación con la música de Vainica. Cuando tratan de definir esta última, hablan de “ternura crítica”, de la mezcla entre inocencia y perversidad, de la poesía de las letras, de la originalidad en la estructura de las canciones y la armonía de las voces, y por último, cuando se refieren a Carmen y a Gloria, la palabra más repetida es la de “hadas” y “brujas”, aunque nunca en sentido peyorativo, que por algo son fans.


Todo eso fueron y son, las Vainica, y eso que cuando se escribieron estas alabanzas aún no se habían publicado los tres últimos elepés: “Taquicardia”, “Carbono 14” y “En familia”. No es que sean sus mejores discos, pero son discos de las Vainica. “Carbono 14” (1997), en concreto, está considerado el peor de su discografía, sobre todo por la espantosa producción, pero yo destacaría que, aún siendo el peor, tiene canciones sublimes. Ellas se quedaron muy chafadas con ese disco, se sintieron engañadas por la discográfica, y tres años más tarde, volvieron a grabar pero esta vez en una casa de discos que las comprendía, Elefant Records, con libertad para hacer las canciones como ellas quisieran. “En familia” se publicó en el año 2000, estando Carmen enferma, y tiene sabor a despedida, con la intensidad de la memoria que rodea a la muerte, el repaso de toda una vida.


Se llama “en familia”: la producción y los arreglos son de Álvaro de Cárdenas, el hijo de Gloria. Laura de Cárdenas firma una de las canciones, hijos y nietas hacen coros y tocan instrumentos. Podríamos jugar a emparejar esta última colección de canciones con las anteriores: Chiribitas de limón con Caramelo de limón; Don Marcial con Fulgencio Pimentel; El rey de la selva con El oso poderoso; El chalé con Un metro cuadrado, y sentiremos a las Vainica abuelas, el tiempo posado sobre las canciones, revisitadas estas a la luz de una experiencia mayor. El ruido podría ser el ajuste de cuentas a la desafortunada producción del disco anterior, la reivindicación del silencio. En El museo, Laura de Cárdenas capta a la perfección la rebeldía de nuestras heroínas: “No quiero ir a otro museo / que me entran ganas / de tirarlo todo por el suelo”. Si en “Carbono 14” dedicaron una canción al virus del ordenador, en Página en blanco hace su aparición la telebasura, impidiendo la serenidad. En Nana en re, regresan al mundo de la fantasía infantil con sus nietas y nietos: “vamos a cazar todos juntos gamusinos”, se dejan llevar por ese amor, aquí ya no cabe la ironía; en cambio en La flor de la canalla, queman los últimos cartuchos de las abuelas rockeras persiguiendo a otra nieta algo mayor por los tugurios de Madrid. Se nos van las Vainica para siempre con El paisaje, diciéndonos “Mira / ven aquí / todo lo pinté / pensando en ti / solo / para hacerte soñar / y reir”, y descubrimos que dos gordos lagrimones se nos han escurrido por las mejillas y han ido a parar al suelo. El cuento, qué pena, se ha acabado.


Irene Ormazabal Fernandez. Elgoibar, 1978
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